sábado, 7 de septiembre de 2013

La Botella medio vacía.

Después de ver mucho mundo, sigo pensando que la ciudad más bonita del mismo es Barcelona,…Pero después de Madrid.Aunque con independencia de mis percepciones, hoy es un gran día para Madrid – para toda España- , pese a que no nos hayan dado las olimpiadas (o precisamente por ello). Y lo es por varias razones.
Cuando los decepcionados madrileños piensen con tranquilidad lo que acaban de perder, se darán cuenta de que para terminar ese 20 % de infraestructuras que habría que construir para celebrar las olimpiadas de 2020, sería necesario sacar el dinero de alguna parte. Sin duda ese dinero iba a salir de nuestros paupérrimos bolsillos a cambio de hacer menos mamografías, de alargar las listas de espera sanitarias, de recortar en becas, prestaciones sociales…suma y sigue.

Pero no solamente habría que pagar ese porcentaje de infraestructuras a construir; también mil y un gastos derivados de un fregado semejante. Nadie en su sano juicio entendería que en una situación de crisis como la que vivimos, el Gobierno de España – Con Rajoy a la cabeza- afirme que se construirá todo y estará todo preparado para el 2020, al mismo tiempo que se ha despojado de sustento económico a los dependientes de este país, se han recortado los salarios de los trabajadores y se está avocando a los pensionistas a una pérdida de poder adquisitivo que para el 2020 les puede haber sumido ya en la indigencia.

Al mismo tiempo que la luz se apagaba en Argentina (estos argentinos son la leche) se ha encendido en España, porque un gasto semejante -para tan sólo un mes de olimpiadas-, nos iba a salir muy caro en estos momentos.
Será mucho mejor dedicar esos millones de euros a garantizar la sanidad...Las pensiones, la investigación científica o la creación de empleo.

Pero hay un segundo efecto beneficioso;la anodina alcaldesa de Madrid – señora Botella- no podrá agarrarse (como una garrapata) a la tabla de salvación política que hubiera supuesto para ella la adjudicación de la olimpiada de 2020. Ella iba a capitalizar el trabajo de los demás – como hacen todos los inútiles e incompetentes del mundo- y envuelta en la bandera de los cinco aros lucharía por perpetuarse en un puesto que su matrimonio con José María Aznar le ha proporcionado, sin ningún otro mérito social, intelectual o político.

Afortunadamente, Botella ha hecho ya el ridículo las veces suficientes como para que propios y extraños le endosen una parte de ese fracaso, a cuya consecución había hipotecado buena parte de futuro político.
En el 2024 lo intentarán otra vez…Pero con la botella ya en el contenedor del reciclado.


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