domingo, 25 de enero de 2015

Pablo El Griego



Es posible que las reminiscencias internacionalistas del ideario revolucionario sudamericano habiten en la cabeza de Pablo Iglesias Turrión, cuando decide vincular su suerte (y la de Podemos) a lo que acabe por pasar esta noche en Grecia.

Asociar los destinos de un país hermano con los del propio es muy típico en el subcontinente americano, pero esto no es Sudamérica, ni los griegos nuestros “hermanos”…Y Grecia tiene tantas similitudes con España como las que tenemos con Dinamarca…Es decir muy pocas.
Si esta noche el partido hermano de Izquierda Unida en Grecia (Syriza) consigue la mayoría absoluta para gobernar el caos heleno muchos dirán que es la antesala de lo que sucederá en España, aunque de momento, nada de lo sucedido en Grecia ha tenido su correspondencia en nuestro país.

Syriza es un partido de ideario comunista , que pese a contar con más de 20 años de historia no ha engordado hasta la llegada de la crisis y, tiene con Podemos todas las similitudes que le queramos buscar, que son exactamente las mismas que Grecia tiene con España. Muy pocas.
Pero hay una diferencia políticamente esencial…En Grecia las elecciones son hoy, y en España faltan 11 meses. Es una diferencia sustancial que puede ser definitiva para las aspiraciones de Iglesias Turrión; no en vano el intento de vincular el destino de Grecia con el de Podemos es un arma de doble filo, que vincula el éxito o fracaso de las políticas que los comunistas griegos sean capaces de poner en marcha en estos 11 meses (en el anunciado caso de que esta noche consigan la mayoría absoluta).
Iglesias es especialista en exprimir las oportunidades, y en Grecia ha visto una…Su apoyo a Syriza y la exhibición del mismo es una apuesta a caballo ganador que se ha apresurado a presentar ante la opinión pública como un espejo en el que hemos de mirarnos. Mitin en Atenas, palabritas en Griego y a sumar más adeptos ganando inercia. De manual.

Otra diferencia importante entre ambos paises es el peso de cada uno dentro de la unión monetaria. Mientras el euro no podría seguir adelante sin España, Grecia es perfectamente prescindible. No es descabellado un escenario con Grecia fuera del euro.
Tampoco conviene olvidar que el voto conservador y de extrema derecha está fijado a sangre y fuego en España bajo el paraguas del Partido Popular, lo cual dificulta que los divididos partidos de izquierdas españoles puedan quebrar la mayoría conservadora. Por el contrario la división del voto conservador en Grecia entre Nueva Democracia y Amanecer Dorado los sitúa en el segundo y tercer puesto en intención de voto.

Hasta hace tan sólo unas semanas, Iglesias Turrión no ha hecho otra cosa que sumar, pero los últimos casos de reproche mediático a personas de su círculo más íntimo han añadido al debate un punto de inflexión. Hemos pasado de las entrevistas laudatorias a ver como los periodistas le plantean preguntas que incomodan y para algunas de las cuales no parece tener respuestas y son rebatidas con tinta de calamar.

En la cúpula de Podemos nadie (excepto Pablo Echenique) asume que alguna cosa haya podido estar mal…No hay autocrítica. Esa circunstancia tan evidente chirría cuando se contrapone con el rigor y el dogmatismo de sus postulados. Dice el refranero español: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

Cuando los problemas cotidianos de la política han aparecido afectando a los líderes de su formación, (ahora que es su partido el que se ve nimiamente salpicado), Iglesias flojea bastante y nos deja entrever alguno de sus mayores defectos…Entre ellos destaca la arrogancia y la total ausencia de autocrítica.

Iglesias acostumbra a mostrar dos registros bien diferenciados en sus intervenciones públicas ante los medios. La primera es mesurada y medidamente pausada. Queriendo imprimir un matiz didáctico que en ocasiones fuerza y acentúa hasta dejar al interlocutor en una aparente posición de inferioridad intelectual.
La segunda versión es arrogante y lenguaraz. Sin ningún pudor utiliza el ataque o la descalificación; muy capaz de defender lo indefendible o justificar lo injustificable.
El problema se acrecienta cuando el profesor deja mayor espacio al segundo que al primero.En vez de dar respuestas ataca a quién le cuestiona.

Se puede defender- con argumentos de legalidad - el trabajo de asesoramiento que Juan Carlos Monedero (número 2 de Podemos) realizó para el Gobierno de Venezuela (y otros) por el cual percibió 425.000 euros de pago. Cosa diferente es compatibilizar un discurso duro contra “La Casta” cuando resulta que quién lo lanza es un “millonario”, cuya fortuna procede de unos trabajillos extra que realiza en los ratos libres que su trabajo como funcionario le deja. Ese doble discurso no tiene ni un pase.
La contradicción de proclamar la intención de Podemos en fijar un límite legal para el sueldo máximo en España (un límite que nadie pueda rebasar) queda en evidencia cuando conocemos que el señor Monedero percibe en dos años 425.000 Euros por un trabajo (estudio) a lo que sumar su salario público como profesor de la Universidad Complutense. ¿Serán estas cantidades astronómicas el techo máximo que Podemos tiene en mente? ¿En su discurso de equidad salarial caben sueldos de 18.000 Euros al mes? ¿Es Juan Carlos Monedero “Casta” o todavía no es lo suficientemente “rico”?

Llegados a este punto, hay que insistir en que en la cúpula de Podemos nadie asume la menor autocrítica, más allá de Echenique que es la cara cordial de su dirección mediática. En el lado opuesto nos encontramos la defensa enconada y la justificación más abigarrada que el propio Pablo Iglesias hace de los suyos, ya cobren 425.000, ya monten empresas para pagar menos impuestos.
El caso de Monedero es especialmente destacable porque su discurso y su constante moralina es igualmente destacada. Las intervenciones públicas que el profesor de Ciencias Políticas protagoniza ante sus acólitos (o en los medios de comunicación) son siempre en clave pontifical, lanzadas desde una posición de “guardián de las esencias del socialismo” y “paladín de los desfavorecidos”…Unos desfavorecidos a los que ha de explicar porqué de una manera legal, (pero no moral) escatima impuestos poniendo en marcha una empresa en el legal (pero no ético) interés de pagar menos a la Hacienda Pública. Concretamente el Sr. Monedero evitó pagar cerca de 100.000 euros al constituirse en empresa para declarar como tal unos ingresos que había conseguido a título personal….Pasó de tener que tributar un 42% de los mismos a pagar solamente el 19% de esos 4250.000. Euros. Dice Iglesias que: “eso se puede hacer porque es legal”…Cierto, tan legal como lo que hace Apple para pagar los menos impuestos posibles en nuestro país.


Tampoco tiene el menor rubor Iglesias de salir en defensa de la candidata por IU a la Comunidad de Madrid (Tania Sánchez) justificando el desconocimiento de esta de que le estaba dando contratos millonarios a su propio hermano. Su Argumento de defensa se sustenta en que Tania Sánchez está siendo atacada (por ser su novia) por la mafia madrileña del Partido Popular, que en estos momentos resucita el asunto para perjudicarla. Lo cual es muy cierto, aunque más cierto es que lo importante en este asunto no es la existencia de enemigos políticos que hurguen en las responsabilidades pasadas de un candidato al frente de la Administración…Para nada. Lo verdaderamente trascendental es la constatación de una situación que no es lógica ni moral…Afirmar que desconoces que tu propio hermano es el propietario de una empresa a la que con tu voto le estás adjudicando contratos públicos por un importe de 1,7 millones de Euros de dinero de todos, y cuyo domicilio social es precisamente tu propia casa familiar.
Esas mismas circunstancias (si afectaran a alguien de otro partido) serían duramente criticadas por el Secretario General de Podemos, pero en este caso es muy comprensivo y condescendiente. Estas cosas le restan credibilidad.

Pero Pablo Iglesias Turrión puede con eso y con más. De momento veamos que pasa con Grecia y si el vidrio en el que ver Grecia es un espejo, o simplemente el cristal de una ventana desde la que mirar una realidad lejana.