domingo, 11 de abril de 2021

Preocupante situación de la Perdiz roja en La Rioja


Una de las especies más reconocidas y reconocibles de la fauna autóctona en la comunidad autónoma de La Rioja es la Perdiz roja (Alectoris rufa), de unos 35 cm de longitud y con un plumaje inconfundible, que luce en las patas, al igual que en el pico, un color rojo brillante característico.
   
Se trata de un ave autóctona europea que ocupa únicamente la Península Ibérica, Baleares,  Gran Canaria,  Francia (excepto su tercio norte), parte de Italia y la isla de Córcega, así como el sur de Inglaterra fruto de una introducción artificial. 

En los últimos 30 años, sus poblaciones en buena parte de su área de distribución se han visto mermadas por la presión cinegética, la contaminación genética, la transformación de sus hábitats,  y por encima de todo por  un modelo de explotación agraria del territorio que es lo más alejado al concepto "agricultura ecológica" que podamos imaginar.   

Esa disminución poblacional ha sido desigual en España, viéndose más acusada en comunidades como La Rioja donde en algunas zonas en las que antes era abundante ha desaparecido o -en el mejor de los casos- reducido su presencia a niveles casi anecdóticos.

En la comarca de Rioja Baja la disminución de ejemplares de esta especie es preocupante, y debería por sí misma llevar a medidas drásticas hasta que se consiga aumentar sus poblaciones de manera natural. Un aumento que no puede venir por la vía  del aporte de ejemplares de granja al medio natural, que se ha demostrado inapropiado al tiempo que nada útil para la conservación de la especie y puede que incluso  ser contraproducente.

Durante las últimas tres décadas he venido realizando diferentes censos de abundancia de esta especie en los términos municipales de Alfaro, Aldea Nueva. Rincón de Soto, Calahorra, Arnedo, Quel y Autol.  En todos estos términos municipales la presencia ha ido menguando a medida que transcurrían los años, con determinados altibajos puntuales, pero con una tendencia claramente descendente, más acentuada en el último lustro.

Recorridos idénticos, que hace 20 años terminaban con el avistamiento de seis o siete parejas, ahora con suerte deparan el contacto con una y muchas veces con ninguna.

En el caso concreto de Calahorra, en 1991 (entre el 15 de marzo y el 15 de abril) realicé un censo exhaustivo dividiendo su término municipal en 39 cuadrículas de 4 km2, que arrojó una ocupación del territorio moderadamente aceptable contactando con la especie en más de la mitad de las cuadrículas prospectadas.  

Con el mismo método, las mismas fechas e igual número de recorridos, el resultado del censo realizado tres décadas después (en este año 2021) arroja unos datos preocupantes, ya que la especie no ha sido localizada en buena parte del territorio y en aquellas cuadrículas en las que aparece presenta una densidad mínima de ejemplares.

La metodología ha sido la misma tanto en 1991 como en 2021, dos transectos aleatorios de una hora de duración en cada cuadrícula, en un periodo comprendido entre las tres últimas horas antes del anochecer y tres primeras horas después del amanecer.

Mientras en 1991 se contactó con la especie en el 60% de las cuadrículas, tres décadas después tan solo se ha contactado en el 15% de ellas, constatando una alarmante disminución. Porque sí bien es cierto que  un censo de estas características no es exacto (no hay censo exacto para esta especie) y pueden pasar desapercibidos algunos ejemplares en determinadas cuadrículas, lo que resulta evidente es que la diferencia de contactos y de zonas en las que se ha producido dichos contactos es claramente menor y marca una evidente disminución.

De seguir esta evolución, antes de una década la Perdiz roja desaparecerá de Calahorra y de amplias zonas en Rioja Baja. Por lo que es urgente poner en práctica medidas contundentes para evitar la extinción  de esta joya de nuestra fauna autóctona. Medidas que pasan en primer lugar por una transformación de determinadas prácticas agrarias, que están aniquilando innecesariamente cualquier resto de vegetación natural  a base de herbicidas y laboreos sin descanso. En segundo lugar vedando temporalmente la caza de esta especie en todo el territorio, porque si bien es cierto que la caza como tal no es la responsable única del declive de esta especie, sí que en esta situación de extrema debilidad poblacional  se convierte en su “puntilla”, y mientras en el campo riojano no se cambien usos tan agresivos como la eliminación sistemática de vegetación en los cultivos o el abusivo uso de productos fitosanitarios, la viabilidad de la Perdiz como especie cinegética (y de muchas otras especies)  estará en serio peligro.  




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